sábado, 15 de octubre de 2016

evaip


ENERGÍA VITAL.

ALMA, 

INTELIGENCIA,

PROGRAMA.



En el presente escrito, o ensayo intelectual, voy a presentar una forma de ver algo que ha sido muy criticado en la ciencia convencional y es la llamada energía vital, característica imprescindible de los seres vivos. Para realizar este trabajo voy a traer la opinión de un gran científico, para mi y también para la ciencia convencional, y es el fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878), creador de la medicina científica. Claude Bernard es para mi un científico que clasifico como modelo de científico, extraordinariamente valioso en el terreno experimental como en el terreno de pensador general de la ciencia médica ; unía a partes iguales el rigor metodológico con una notable intuición. Estas dos características son totalmente necesarias en un científico, porque si se da prioridad al rigor del método de investigación en el terreno de lo material y se menosprecia o abandona la intuición, el conocimiento superior que llega por la vía mental, lo que se está haciendo es ejercitarse en el trabajo propio de ciegos, en el que trabajando lo inimaginable solo se podrá llegar a conclusiones propias de ciegos. El vector directriz de todo trabajo científico debe ser la intuición, mientras que el trabajo experimental debe ser únicamente la herramienta para la comprobación material de la veracidad de la intuición. Si se invierten los términos y se da gran preponderancia al trabajo material en la investigación, entonces se alcanza la categoría de ciego y sus correspondientes consecuencias, y esto es lo que ha ocurrido en términos generales en la ciencia en general y en la ciencia médica en particular.


Para realizar este estudio sobre la energía vital voy a aprovechar para comentar lo que se expone en la obra "El pensamiento vivo de Claude Bernard" (1944) de Jaime Pi-Sunyer, que fue editado por segunda vez en 1965 por Editorial Losada, de Buenos Aires, donde el autor expone un amplio número de páginas escogidas de la obra de Claude Bernard junto con sus propios comentarios.


Claude Bernard era contrario a la aceptación de la energía vital, aunque mostraré que solo era una obsesión generada por el aire que se respiraba en el entorno médico, mientras que por otra parte, como mostraré por sus escritos, era totalmente comprensivo, aunque sin darse cuenta, con los planteamientos de los vitalistas o creyentes en la energía vital. En la obra de Bernard, a la energía vital se la llama fuerza vital, lo cual es lo correcto ya que la energía es en realidad solamente una capacidad para realizar un trabajo, mientras que fuerza, que es lo que percibimos, es la manifestación de esa capacidad. Esta confusión de energía con fuerza es algo totalmente generalizado en la ciencia y en la vida en general, así es que a eso vital, propio de las manifestaciones de la vida, lo llamaré de las dos maneras.


Dice Bernard que "No debe buscarse un antagonismo entre los fenómenos químicos y las manifestaciones vitales ; por el contrario, hay un paralelismo perfecto, una ligazón armónica y necesaria.
En toda la serie de los seres organizados, la intensidad de las manifestaciones vitales está en relación directa con la actividad de las manifestaciones químicas orgánicas.  Las pruebas aparecen por si solas." (pagina 80)


No es un antagonismo lo que existe sino una forma de actuación que solo es propia de aquello que actúa guiado de forma inteligente. Se puede decir que todas las manifestaciones vitales se manifiestan a través de fenómenos químicos, pero no se puede decir lo inverso, y es que todos los fenómenos químicos se puedan manifestar a través de manifestaciones vitales. Así, pues, los fenómenos vitales tienen algo que les diferencia y es que por medio está una inteligencia que ordena de una determinada forma los fenómenos químicos. Fijémonos en el caso de la membrana vibrante de un altavoz que produce sonidos. La vibración producida por las ondas inteligentemente organizadas procedente de un medio que funciona en base a la inteligencia ; o sea, de ondas generadas inteligentemente con vistas a un fin, no son diferentes, en cuanto a vibración mecánica, de las ondas producidas por un generador de ondas no inteligente, pero si son muy diferentes en la sucesión de las secuencias  de vibraciones producidas. Y como son diferentes las secuencias de vibración, las vibraciones inteligentes pueden producir música y alocuciones verbales de muy diverso tipo, mientras que las vibraciones de la membrana del altavoz procedente de una fuente no inteligente serán vibraciones mecánicas como las otras, sí, pero nunca serán portadoras de algo que actúa inteligentemente con vistas a un fin como es el de ser portadoras de música o palabras, que son actos inteligentes.


Continúa diciendo Bernard, lo que sin duda alguna sería la idea predominante en el mundo científico de aquel momento, y también del actual, en el sentido de que "La doctrina vitalista no solo se basa en hipótesis falsas y en hechos erróneos, sino que por naturaleza es contraria al espíritu científico. Al querer crear dos órdenes de ciencia, para los cuerpos brutos y para los cuerpos vivos, esta doctrina conduce pura y simplemente a negar la ciencia".


No es así, no es así, lo que ocurre es que al negar la ciencia convencional la procedencia inteligente de unas determinadas manifestaciones de la materia, se ven obligados a crear la ciencia de lo vivo en la cual incluir esos fenómenos. Es, pues, la ciencia convencional la que niega la verdadera ciencia y la causante de la división en ella.


"Si preguntamos ahora cuales son los caracteres propios de la ciencia de los seres vivos, Bichat responde : "Es una ciencia cuyas leyes, como las funciones vitales mismas, son susceptibles de multitud de variaciones que escapa a toda especie de cálculo, en la que nada puede preveerse o predecirse, en la que solo contamos con aproximaciones, la mayoría de las veces inciertas".
Son estas herejías de tal enormidad que serían difíciles de comprender si no viéramos como la lógica de un sistema ha debido conducir fatalmente a ellas. Reconocer que los fenómenos vitales no estan sometidos a ninguna ley precisa, a ninguna condición fija y determinada, y admitir que los fenómenos de esta manera definidos constituyen una ciencia vital que tiene como caracter ser vaga e insegura, es abusar extrañamente de la palabra ciencia“.


Está muy claro lo que dice Bichat ; dice que las funciones vitales son tan complejas que escapan de todo tipo de cálculo y que por ello nada puede predecirse, al menos en aquella situación y también en la actual. No dice que los fenómenos vitales no estén sometidos a ninguna ley sino que dice que es difícil conocer esa ley y que solo contamos con aproximaciones la mayoría de las veces inciertas, luego si la ciencia convencional no puede entender esto habrá que crear una ciencia que se dedique a estudiarlo de otra manera diferente a la convencional. Lo que ocurre es que la ciencia en la que se mueve Bernard no puede admitir, debido a un excesivo orgullo de esa ciencia, que algo se pueda escapar a ella. La verdad no es que se la escape algo sino que se la escapa todo, al menos en lo concerniente a la ciencia de los seres vivos ; lo único que sabe son fenómenos que ocurren y anota, pero no sabe porqué ocurren estos fenómenos y es porque los mismos no pueden medirse o calcularse de la manera tradicional.


Veamos un caso para salir de dudas. Buena parte de la humanidad sufre de depresiones endógenas ; o sea, no producidas por agentes exteriores como pueden ser catástrofes o desgracias de diversos tipos, y no sabe porqué se vienen y se van esas depresiones ; no lo saben los afectados por esas depresiones ni lo sabe la ciencia ni lo sabrá. Ahora bien, si aceptamos que lo que rige el comportamiento de los seres vivos está programado de tal forma que salga al paso y busque soluciones para hacer frente a situaciones que pueden poner en peligro esa vida y de esta manera poder seguir viviendo, entonces estaremos empezando a poder comprender como actúa la materia viva. Esa materia viva al estar en contacto con lo que la da vida, actúa de manera muy diferente a la materia muerta que no puede estar en contacto con un principio inteligente capaz de buscar soluciones a determinadas situaciones. Cuando el principio rector inteligente, que yo lo llamo programa o alma, percibe que un órgano está en una situación grave que puede afectar a la vida de todo el organismo, recoge energía, fuerza, de todo el organismo para centrarla en el organismo que se halla en esa situación crítica. Esto suele ocurrir normalmente con el hígado pero también puede ocurrir con otros órganos. Esa recolección de energía de todo el cuerpo también afecta a la energía de relación con el exterior y debido a ello la persona decae visiblemente y se dice que se halla deprimida. Cuando la aportación de energía de todas las partes posibles del organismo ha conseguido sobrepasar la situación crítica por la que pasaba ese órgano, la energía, la fuerza, prestada para ese salvamento vuelve a su lugar original de trabajo y debido a ello la persona sale de la depresión sin saber porqué ha salido y sin saber tampoco porqué la ha venido esa circunstancia depresiva.


¿Hay alguna forma de calcular eso? ; luego Bichat tiene razón. Al no caminar por su camino, que no es el de los cálculos y los aparatos, una cantidad ingente de millones de humanos han sufrido depresiones y en algunos casos demoledoras depresiones que han terminado en suicidio debido al terror que algunas depresiones producen, como son las del corazón que afecta directamente a la energía vital y la consecuencia es la disminución en buena parte de la energía vital que se canaliza a través del corazón y que produce la sensación de una especie de ahogo. Me enteré, después de ocurrir un suceso de este tipo al hijo de un amigo mio, que había dicho a su madre que si volvía tener un ataque de este tipo no podría soportarlo una vez mas. Y efectívamente, así ocurrió a ese extraordinario muchacho lleno de esperanzas por su porvenir y también muy buen amigo mio :  a la siguiente depresión salió al campo y se colgó de un árbol en el pueblo de su novia donde entonces se encontraba.


¿Como se calcula esto estimado Claude Bernard?. La ciencia convencional es culpable de su muerte y de todas las muertes por depresiones, y de todos los sufrimientos de los que han sufrido depresiones. No se el camino por el que seguiría Bichat, del cual nunca he oído hablar, pero si se el camino que yo he seguido para conocerlo o para conocer el camino seguido por otros, porque no se nace aprendido, y de los cuales se suele decir que no son científicos o que abusan de la palabra ciencia. Si Bichat habla de otra ciencia es porque quiere conocer lo que la ciencia convencional se niega a querer conocer, que son muchísimas cosas que afectan a los seres vivos. Si lo llama ciencia es porque quiere cumplir con el objetivo de la ciencia, que no es otro que el de la búsqueda de la verdad de los fenómenos, y si la ciencia convencional no quiere hollar determinados senderos, él si quiere hollarlos y por ello necesita de una ciencia diferente a la convencional pero mucho mas auténtica porque no admite bloqueos impuestos por diversos tipos de conveniencias que tienen su origen en intereses no científicos o en engañados científicos en este tema, como es tu caso estimado Bernard.


Otro caso. Un hueso se rompe pero la inteligencia que rige el organismo, la energía vital, hace todo lo posible por unirle y que vuelva a funcionar como si nada hubiera ocurrido. ¿Como se calcula el interés o posibilidad del organismo en realizar esta operación?. Y como esto ocurre todo en el organismo, incluso muchísimas veces se llama enfermedad, incluso terrible enfermedad, a lo que no es mas que un esfuerzo del organismo por sobrevivir como es el caso del cáncer. El que tenga interés en esto puede leer un trabajo muy amplio mio con el título de “El cáncer no es una enfermedad“ (...) el cual está al alcance de todo el mundo pensante por sí mismo, excepto de los ya muertos en vida por miedo al cáncer.
(continua)


FERNANDO NARAYANA
15-oct-16
Vivimos-en-Matrix.blogspot.com


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he colocado el capítulo 27 del libro de Nemesio Sobrevila “FRAUDE EN LA CIENCIA“, y que tiene por título el de

EXPERIENCIAS
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en el que el gran Nemesio nos dice y demuestra que “No cabe demostración mas concluyente contra el principio de conservación de la energía : él mismo se contradice aplicando las mismas leyes que tratan de mantenerlo en vigor“. Ahí queda eso … .



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